Eran gemelos tan idénticos que ni su propia madre fue nunca capaz dedistinguirlos. Pero ese extraordinario parecido era tan solo exterior: desde muytemprano sus personalidades fueron diferenciándose la una de la otra y, ya alcumplir los cinco años de edad, la brecha temperamental que separaba a losmellizos había devenido insuperable. Así, mientras el uno eraSigue leyendo «El uno y el otro»