Le di a play y la bachata se metió por mis oídos. ¡Quiero rabo!, gritaba el mayimbe como quien se muere de hambre. Poco a poco se fue llenando la guagua. Los que iban sentados se entretenían mirando el Facebook y mandando notas de voz por WhatsApp. La rutina parecía repetirse hasta que ella apareció.Sigue leyendo «Entre las piernas de una extraña»